Sólo sé que no he leído nada
Un amigo que pulula por Internet a la caza de libros electrónicos con los que alimentar a su insaciable Sony Reader (ojo, Sony los está rebajando y ¡El Corte Inglés tiene ya su propio lector!) me envía un enlace sobre los 100 libros más influyentes de la historia, una lista en forma de libro que publicó en 1998 Martin Seymour-Smith (1928-1998), poeta, crítico y biógrafo británico del que lo desconozco todo. La lista -acertada o no, discutible- me pone en mi sitio. De esas cien obras he leído nueve enteras (casi todas de ficción) y tres a medias o a tercios, y creo que no leeré muchas más. No sé tú…
No me extraña que la lista fuera elaborada por un anglosajón. Es conocida la afición de ingleses y americanos por las enumeraciones de las cosas más pintorescas, costumbre que han propagado por todo el mundo. Hay que reconocer el tirón de los inventarios, que tan bien conocen y explotan los medios de comunicación. Siempre me ha parecido que la manía de las listas es una estrategia como otra cualquiera para soportar la idea de que el tiempo se nos escapa entre los dedos y vamos directos al hoyo, una forma de fijar y sostener lo que nadie puede fijar ni sostener, pero también es una manera de aprehender y ordenar la realidad, y así transformarla. ¿Suena profundo, pesimista, metafísico? Claro, estoy a dieta.
De eso trata (de listas, no de mi transformación en Beckham) El vértigo de las listas, de Umberto Eco, que publicará Lumen en noviembre. El ensayo analiza la obsesión histórica del hombre por los catálogos. Medicinales, gastronómicos, artísticos, económicos… Eco piensa que analizando las enumeraciones de cada época puede llegarse al espíritu que la anima. ¿Cuál será el nuestro?
Quizá tenga que ver con el de Rob Fleming, el protagonista de Alta fidelidad, la novela de Nick Hornby (amo a este tío, quisiera escribir como él, tener su talentazo) sobre un tipo que prolonga y prolonga su adolescencia; un desastre entrañable, dueño de una tienda de discos, egoísta y atascado en la autocompasión, un friki verdadero que calibra todo lo que le pasa con la vara de medir del rock, el pop y el soul. Fleming hace listas de canciones temáticas que aluden a cualquier experiencia y… Bueno, será mejor que leas el libro, y veas después la divertida (casi tanto como la novela) película que protagonizó el gran John Cusack. “¿Escuchaba música pop porque estaba deprimido, o estaba deprimido por escuchar música pop?”. Voy a ver si preparo mi segunda lista de libros para las vacaciones…
¡Larga vida al papel!
Umberto Eco tiene nuevo ensayo: No esperéis libraros de los libros. Lo acaba de publicar en Italia y seguro que lo veremos pronto traducido en España, donde cuenta con numerosos lectores. En esta obra reflexiona sobre el futuro de los libros, para muchos amenazados por los nuevos formatos digitales, aunque él prevé una buena y sana convivencia. Amén.
De momento ha pasado por aquí para recoger la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes de Madrid y, aparte de manifestar que no cree que el libro electrónico vaya a cargarse al de papel (aunque no esté tan seguro del futuro de los periódicos convencionales) ha dejado algunas perlas que no deberíais dejar de leer en el ABC, El País, o La Razón, por aquello de comparar tratamientos.
Como siempre, será el tiempo el que acabará dictando si el autor de El nombre de la rosa lleva o no razón sobre el porvenir del libro. Yo sólo sé que, de todas sus interesantes y variadas declaraciones en su breve estancia española, mi favorita es ésta: “Berlusconi es un cuentachistes que se muestra como un caudillo”. Lapidario, aunque yo añadiría que los chascarrillos del presidente del Milan son pésimos.
Por cierto, ¿recuerdas la película basada en la más famosa novela de Eco y en la que Sean Connery compartía penurias con el joven Ibarretxe? Esa intriga medieval era toda una declaración de amor a los libros, como puedes ver en este extracto con algún que otro salto de montaje.