Magnitud imaginaria
Hay libros como trampillas. Pequeños y casi ocultos, uno los abre sin esperar mucho y de repente accede a un mundo subterráneo pero brillante, nuevo e insospechado. Magnitud imaginaria (Impedimenta, 144 págs., 16 €), del polaco Stanislaw Lem (1921-2006), es uno de ellos.
Todo es original en este breve volumen. Forma parte de la llamada por Lem Biblioteca del Siglo XXI, título que le sirve para encuadrar y reunir cuatro obras que recogen reseñas y prólogos de libros existentes sólo en su mente, en una pirueta intelectual que no puede dejar de recordar a las mejores invenciones borgianas.
Magnitud imaginaria es un libro de prólogos cuyo propio prólogo reivindica irónicamente la dignidad del ‘género’, y es también la sarcástica, divertida y juguetona manera usada por Lem -famoso por sus obras de ciencia ficción- para ensanchar nuestra realidad y liberarnos de las restricciones mentales que nos ahogan, sugiriéndonos otros mundos posibles (o no).
JUEGOS MENTALES
Artistas que usan los rayos X para crear imágenes pornográficas, enciclopedias que pronostican el futuro, bacterias que se comunican y adivinan el mañana… Son los inquietantes asuntos de tres de los falsos libros que Lem prologa, aunque mi texto preferido es el tercero de los cuatro del extravagante experimento, más por lo que sugiere que por la ejecución en sí.
Se trata de la introducción a la Historia de la literatura bítica, que se define como “toda aquella literatura cuyo autor directo no ha sido el hombre”, en alusión a un lenguaje creado por las máquinas, primero como un mero balbuceo y después como una auténtica literatura apóstata que prescinde del ser humano y llega a escribir obras de Dostoievski que el propio Dostoievski hubiera tomado por suyas. Si Ana Rosa Quintana llega a saberlo…
Diversión inteligente que va dejando dispersas por sus páginas, como quien no quiere la cosa, reflexiones filosóficas, ideas y bromas que sirven para plantear grandes preguntas. Una vez abierta la trampilla, habrá que esperar a Solaris, la novela de ciencia ficción que Impedimenta planea publicar en breve, por primera vez traducida directamente del polaco.
Además, Harold Bloom la incluye en El canon occidental, ¿y quién soy yo para llevarle la contraria al viejo maestro culpable de no adorar lo políticamente correcto?
Cine y foto
Cortázar decía que la novela es como el cine, y el cuento como una fotografía. En el caso de Antón Chéjov (1860-1904) y Jorge Luis Borges (1899-1986), los relatos breves del primero serían como esas películas lentas y en las que aparentemente no pasa nada, aunque por debajo ríos de lava amenazan con llevarse por delante a los personajes y su mundo. Justo como la Rusia prerrevolucionaria que vivió.
Los de Borges se asemejan a fotografías perfectas, inmóviles en el tiempo, siempre iguales a sí mismas. Cambia levemente la gradación de la luz y una imagen plena de sentido se convertirá en pura confusión; toca una coma y el castillo de naipes literario se vendrá abajo.
En Chéjov no hay felicidad ni armonía, y sus memorables personajes deambulan por la vida con la esperanza (consciente o no) de ser otros. En su agonía final, el narrador y dramaturgo ruso deliraba y Olga, su mujer, puso una bolsa de hielo sobre su pecho con la intención de aliviar su fiebre. Chéjov, lúcido por un momento, le preguntó: “¿Para qué poner hielo sobre un corazón vacío?”. Puedes leerlo en Antón Chéjov (Acantilado), la brevísima y hermosa biografía de Natalia Ginzburg, recomendable tanto para conocedores de Chéjov como para los que tienen la suerte no haberlo descubierto todavía, algo que podrán hacer con las excelentes ediciones de la editorial Alba, especializada en recuperar clásicos.
En Borges tampoco hay alegría de vivir. Sus frías construcciones son la elaboración de un hombre débil (solía decir que nada admiraba más que el valor físico) que encontraba en las quimeras de palabras el refugio frente a un mundo que le sobrepasaba. Leer a Borges es acomplejarse. Una frase le basta para sugerir un universo, y al acabar una de sus historias domina la sensación de la imposibilidad de mejorarla. Todo es maravilloso en el creador argentino, pero yo empezaría por El Aleph y Ficciones, dos libros de relatos que encontrarás en la impagable Alianza Editorial.
¡Trata de arrancarlo!
Los gitanos no quieren buenos principios, pero Cecil B. DeMille decía que las películas deben empezar con un terremoto y luego ir creciendo en acción. La variedad de gustos también se refleja en la literatura y, así, podemos leer arranques de todos los colores.
FUNDACIONALES: “Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves…” Ilíada, Homero
OBSESIVOS: “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.” Lolita, Vladimir Nabokov
MELANCÓLICOS: “Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas lo son cada una a su manera.” Anna Karénina, Lev Tolstói
PROFÉTICOS: “Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.” La familia de Pascual Duarte, Camilo José Cela
DESCONCERTANTES: “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto.” La metamorfosis, Franz Kafka
INFORMATIVOS: “Pues sepa vuestra merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca.”Lazarillo de Tormes, Anónimo
INTRIGANTES: “El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cerrado por barandas bajísimas.” La Biblioteca de Babel (Ficciones), Jorge Luis Borges
DIRECTOS: “Hay esnobs relativos y esnobs absolutos. Entiendo que son esnobs absolutos aquellas personas que son esnobs en todas partes, en compañía de cualquier persona, desde la mañana hasta la noche, desde el nacimiento hasta la tumba, dotados de esnobismo por la naturaleza. Y son esnobs relativos aquellos que lo son en ciertas relaciones y circunstancias de la vida.” El libro de los esnobs, William Thackeray
LACÓNICOS: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.”Pedro Páramo, Juan Rulfo
… Y POÉTICOS: “1. Al principio Dios creó el cielo y la tierra. 2. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios aleteaba sobre las aguas. 3 Entonces Dios dijo: ‘Que exista la luz’. Y la luz existió. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; 5 y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el primer día.” La Biblia
Y a ti, ¿qué principios se te han quedado grabados en la memoria?
Eliminando toxinas
Con la tele superpoblada de imbéciles gritando, o dedicas tu ocio audiovisual a ver películas y series decentes (increíble la perra que tiene el personal con Lost) o buceas por Internet en busca de joyas varias. Como este blog va de libros, ¿por qué no entrevistas con maestros de la literatura?
En YouTube tienes las de Joaquín Soler Serrano, un viejo periodista que quizá hoy nos pueda parecer relamido y cursi, pero que sabía leer y escribir y se dedicaba a hablar con gente interesante y con cosas que decir. Un tarado, vamos. Prueba con estos fragmentos de las que hizo a Borges (el puto amo, que diría mi sobrino el rapero, y un escritor ante el que me arrodillaría) y a Cortázar (un verdadero encantador de serpientes), y te lanzarás a ver el resto. Mira que me gusta el fútbol, pero entre esta pareja de argentinos y Maradona… Un festín para la inteligencia.



