Punkis islámicos y otros monstruos
Book tráiler: como un tráiler de cine, pero sobre un libro. Aquí tienes uno…
… que corresponde a Sentido y sensibilidad y monstruos marinos (Umbriel), la novela escrita por Ben H. Winters a partir del clásico de Jane Austen (1775-1817), deformado hasta convertirlo en una historia de horripilantes seres acuáticos, bestias y monstruos varios que se entrometen en la agridulce, introspectiva e irónica historia publicada por la escritora inglesa en 1811. ¿Has visto al pulpo casaca roja de la portada? Efectivamente, también han tirado del Davy Jones de Piratas del Caribe 2.
La ocurrencia no es nueva. Quizá recuerdes Orgullo y prejuicio y zombis (Seth Grahame-Smith), otra ¿divertida? profanación de Jane Austen también publicada por Umbriel o, ya en terreno patrio, La casa de Bernarda Alba zombi, probable lectura de cabecera de Baltasar Garzón, y Lazarillo Z, de los que ya hablamos aquí. Pues muy bien.
ALÁ, UN TÍO PUNKI
Leo en El País sobre un movimiento de bandas punk en los EE.UU. No tendría mayor misterio si no fuera porque los miembros de los grupos son musulmanes estadounidenses que reivindican que se puede ser musulmán y gay, seguir los preceptos islámicos y berrear sobre el escenario puesto hasta el culo de marihuana y (¡oh, Alá misericordioso!) borracho como una cuba cristiana. ¿Y qué hay del cochifrito?
La movidita punki surgió a partir de The Taqwacores, novela escrita por Michael Muhammad Knight (Nueva York, 1976), un chaval que emprendió a los 13 años el siguiente trayecto vital: Public Enemy - Malcolm X - conversión al Islam - estudios en madrasa paquistaní - hartura de rigideces coránicas - historia que revoluciona la forma de entender las enseñanzas del Profeta.
Cuenta Daniel Verdú en El País que el libro se convirtió en una especie de El guardián entre el centeno para muchos jóvenes y adolescentes islámicos de los EE.UU, pelín acojonados tras el 11-S, y que la historia trata de “un grupo de chavales musulmanes que viven a ritmo de punk en una casa en Buffalo (Nueva York). Skaters indonesios, musulmanes gays o alcohólicos, mujeres punks con burka o skinheads chiíes. Todos bajo el mismo techo de una casa en la que comparten sexo y una marca en la fachada que indica la orientación a La Meca”. Supongo que los editores iraníes estarán pujando a fondo por los derechos.
Del fenómeno literario surgió un conjunto de bandas -incluso una de lesbianas-, y un documental sobre la gira conjunta que emprendieron estos grupos por los EE.UU. y Pakistán, y en la última edición del gafapástico Festival de Sundance se estrenó la versión cinematográfica del libro.
¿Escribirá Alá recto con renglones torcidos?
Zombis
Hasta que Ian Gibson no culmine su esforzada tarea y logre pasearse por todos los pueblos de España con la calavera de Lorca bajo el brazo, tendremos que conformarnos con zombis menos líricos. Como los de George A. Romero.
O como los de Zombies, antología publicada por Minotauro (un clásico de la ciencia ficción y la fantasía) que reúne relatos de escritores del género entre los que destaca Stephen King, y que esta Navidad he visto en manos de unos cuantos compradores que siguen las recomendaciones del Ministerio de la Cosa y regalan Cultura.
Los zombis dan mucho juego y acojonan, sí. En mis fantasías, lo que más me aterroriza del asunto es que pueda venir a devorarme los higadillos un tío verde y medio podrido vestido con una chaqueta andrajosa que reconozca del Zara, porque supongo que el imperio de Amancio Ortega alcanza ya lo funerario (un pedante hablaría de la fuerza de la intromisión de lo terrible en lo cotidiano, o viceversa).
Al menos, algo tengo que agradecer a los que salen de las tumbas: el vídeo de Thriller de Michael Jackson me descubrió al Butano y a Pumares. Pasé tanto miedo aquella Nochevieja de mi tierna infancia (¿1983?) que sufrí varias noches sin poder dormir hasta las tantas, y acabé arrullado hasta el sueño por las estremecedoras fatwas deportivas de José María García y los melodiosos graznidos cinéfilos de Pumares. Me marcaron, y quizá por eso acabé en Periodismo. Lo siento, padre, pero es que esto era irresistible.
Disculpen la digresión. De lo que quería hablar es del curioso combinado que forman últimamente los muertos vivientes y el morro en su versión más descarada. Hace unos meses que circula por Internet un PDF con una gamberrada que se llama La casa de Bernarda Alba zombi.
Hasta una portada falsa de Cátedra se han currado los tíos, y el blog tiene su coña. El fenómeno ha llegado también a las librerías. Umbriel ha editado Orgullo y prejuicio y zombis, de Seth Grahame-Smith, una versión del clásico de Jane Austen que añade difuntos devoradores de humanos a los amores difíciles con final feliz creados a principios del XIX por la escritora inglesa.
Imagino que la invasión de ultratumba tendrá continuación. Me parece bien. Puestos a hacer mierda, por lo menos que pueda salir en el programa de Buenafuente.
ACTUALIZACIÓN
Ha caído en mis manos otra profanación humorística de un clásico. Lazarillo Z, que con el subtítulo que reza ‘Matar zombis nunca fue pan comido’ ya deja clara de qué va la cosa. Empieza a oler…




