Archive for Libro electrónico

Libranda(nos) del mal

Como decíamos ayer, hice muy bien en llevarme a Vila-Matas para las vacaciones. Las reflexiones inteligentes, atinadas e irónicas de su Dietario voluble son perfectas para leerlas entre cerveza y cerveza -¿cómo es posible que haya gente y hasta civilizaciones enteras que vivan sin el alcohol que todo lo mejora y nos hace más felices?-, y además me llevé el gustazo libresco de encontrar en el momento preciso un pasaje que se correspondía con la tortura que vivía embutido en una aglomeración para el embarque en un vuelo low-cost. Állá va:

  • Cuando veo el barullo y todas esas brutales filas de gente esperando en los aeropuertos, inevitablemente pienso en Louis-Ferdinand Céline: “Oleadas incesantes de seres inútiles vienen desde el fondo de los tiempos a morir sin cesar ante nosotros y, sin embargo, seguimos ahí, esperando lo que sea… ”

Admitámoslo. El verano es la estación de los horrores, y basta el espectáculo -apropiado para un cuadro de El Bosco- que nos brindan los espantosos pies de nuestros congéneres, dignos de una leprosería medieval, para desear una súbita teletransportación a Laponia, donde me cuentan mis corresponsales que las chanclas tienen poco mercado. ¿Tendrá razón Vila-Matas cuando dice que “los embrutecidos aeropuertos de hoy sólo son un anuncio del pavoroso futuro que nos espera?” ¿Estamos ya en una culturilla de bajo coste, obsesionada con la seguridad y que se cree muy libre sólo porque puede comprar cosas, cuando su realidad profunda es que vive permanentemente acojonada por todo? Y encima, en bermudas.

Mi misantrópica melancolía de fin de vacaciones -suerte, compañeros, nos veremos en otra Omaha Beach- ha crecido al descubrir que cierra Méndez, una librería de toda la vida del barrio de mis padres, supongo que fagocitada por las grandes superficies y la lógica implacable del negocio. Cuando ya no quede ni una librería de barrio las ciudades serán definitivamente parques temáticos (las bonitas, al menos) y sus corredores calles entre un centro comercial y otro.

Con este panorama, meterme en plataformas on line a lo Libranda me apetece lo mismo que cenar con Maradona o vivir en un pasillo de Barajas. Próxima estación, Los detectives salvajes, de Roberto Bolaño. Habrá que defenderse leyendo. Y con alegría.

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¿Sueñan los e-books con rosas eléctricas?

El Día del Libro ha llegado y pasado, y bien podrían haberlo llamado Día del e-book, o, quizá, Día del iPad. La rectangular sombra del nuevo juguete de Apple ha planeado sobre las casetas de la Rambla barcelonesa donde los autores firman libros y a más de un editor no le llega la camisa al cuerpo, aunque no hay que exagerar ni caer en la histeria. Como escribe Vila-Matas, más allá de la era digital y de Google -que también desaparecerá un día- sólo nos espera “el terrible Eyjafjallajökull, el centro de Difuclyatd, allí donde se oye el permanente e inconfundible gluglú de un desagüe”. (Vila-Matas me lee, fijo, y me ha copiado lo del desagüe).

Steve Jobs, sus locos cacharros y los editores también se perderán como gotas en la lluvia, pero, mientras, tienen que hacer caja y entretenerse, como todos. Apunta: con motivo de este día libresco, Leqtor.com ha lanzado la edición digital de la serie Millennium de Stieg Larsson, aunque sólo en catalán. ¿Por qué no en castellano? Por una sólida razón: Destino, propietaria de los derechos del best-seller en España, esperará a la puesta en marcha de la plataforma de venta de libros electrónicos que prepara junto a Random House/Mondadori, Santillana y otras editoriales. ¿Fecha prevista? Junio. ¿Oferta? Unos 5.000 títulos, incluyendo a los autores españoles de más éxito. La van a liar parda. O no.

LA ALDEA GALA RESISTE
Tengo para mí que muchos bibliófilos viven secretamente encantados estos días de ominosos agüeros sobre el futuro de su bien más preciado. Elitistas de corazón, vislumbran gozosos un mañana en el que poseer una amplia y polvorienta biblioteca física será un rasgo de distinción similar al de llevar monóculo en la Camboya de Pol-Pot.

Dos de esos bibliófilos son Umberto Eco y Jean Claude Carrière, protagonistas de Nadie acabará con los libros (Lumen, 272 págs., 21,90 €), donde ambos intelectuales mantienen una charla en la que reflexionan sin ponerse apocalípticos sobre el pasado, el presente y el futuro del libro, y sobre cómo va a cambiar su circunstancia y continente -que no su esencia- con la irrupción del libro electrónico, lo digital y las omnipresentes pantallas. Habrá que leerlo y (¡ay!) olerlo y acariciar su lomo.

Numerati

Si la bestia negra del libro de papel es -puede, veremos- el lector de libros electrónicos, ¿por qué no iba a resultar el trasto de la foto la némesis de los Kindle, Sony Reader, Nook y demás?

Leo en El País que en los EE.UU hay muchas personas que prefieren disfrutar de sus libros digitales en dispositivos versátiles como el iPhone u otros teléfonos inteligentes, que también les sirven para llamar, navegar por Internet, escuchar música, ver vídeos, jugar… Los lectores de libros electrónicos apenas valen para una cosa, y en el mundo de convergencia tecnológica en el que nos adentramos eso es una condena. ¿Morirán los e-readers antes de llegar a la adolescencia?

LO SABEN TODO DE TI
¿Quiénes? Los Numerati. ¿Otra basura de Dan Brown? No, el término inventado por el periodista norteamericano Stephen Baker, que con el olfato mercadotécnico que distingue a los yanquis ha bautizado así a las personas especializadas en analizar nuestros crecientes rastros digitales (clics, pagos con tarjeta de crédito, llamadas con el móvil…) y servírselos en bandeja a empresas, gobiernos, partidos políticos…

De esta gente -matemáticos, en su mayoría- y su creciente influencia en nuestras vidas habla Baker en Numerati (Seix Barral), un libro interesante, con la gran virtud de suscitar numerosas preguntas y escrito con un estilo periodístico muy anglosajón, lo que se aprecia a pesar de la pésima traducción, hecha en México si no me equivoco, espesa y plagada de errores y giros idiomáticos que desconcertarán al lector español.

 

¿El fin de la privacidad? ¿La pesadilla de un mundo permanentemente vigilado? ¿El lado oscuro de la revolución digital? Imagina cuánto puede decir de ti que quede registrado hasta el último libro electrónico que compres. Ya no podrás ocultar que has pagado por todas las novelas de Lucía Extebarría.

Que viene, que viene…

El libro electrónico representa ya el 8% de la producción editorial en España, según datos del Ministerio de Cultura, que está elaborando un informe sobre este nuevo gadget y sus implicaciones. Este trabajo, elaborado por expertos del sector público y privado, verá la luz el 14 de enero, justo tras una campaña navideña que quizá suponga un empujón comercial a estos dispositivos. Más, en El País.

No hay que ser muy despierto para relacionar el no muy rápido -por el momento- pero seguro crecimiento de los e-books con el paulatino descenso de ingresos de las discográficas -como puedes leer en El Catalejo de Sergio Rodríguez-, a las que el cambio de modelo de negocio, o más bien de paradigma, está dejando con el culo al aire del que inventen otros y llame usted mañana, aunque en el sector editorial hay quien está preparado.

¿Despertarán las editoriales ‘tradicionales’ o más dura será la caída? ¿Y Ramoncín, qué pensará de esto?

El papel resistirá…

… o no. De su aguante frente al libro electrónico y más cosas han estado hablando estos días los profesionales que han participado en la Líber 2009, la Feria Internacional del Libro. ¿Cómo crees que leeremos los best-sellers del futuro, en una pantalla o sobre el viejo papel?

La Metamorfosis

Del libro, no la kafkiana ni las de Ovidio. “El libro nunca morirá”, afirma la súper agente literaria Carmen Balcells (un respeto, por su ‘cuadra’ han pasado Vargas Llosa, García Márquez, Cela, Bryce Echenique, Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo…).

Balcells lo sostiene en una entrevista publicada por El País. Pero dice muchas más cosas. Esta mujer, un viejo y venerado dinosaurio del mundo literario, se está oliendo el pastel y ya se ha pasado al mundo del libro electrónico, de la mano de Leer-E. Si los que de verdad saben dan el paso…

Yo esperaré un tiempo. Nunca -NUNCA-, abandonaré el papel, y creo que habrá una sana convivencia (con la mayor parte del pastel en el plato digital) de lo viejo y lo nuevo, pero acabaré poniendo junto a mis estanterías un trasto parecido al nuevo Sony Reader Daily Edition. ¿Y tú?

Sólo sé que no he leído nada

Un amigo que pulula por Internet a la caza de libros electrónicos con los que alimentar a su insaciable Sony Reader (ojo, Sony los está rebajando y ¡El Corte Inglés tiene ya su propio lector!) me envía un enlace sobre los 100 libros más influyentes de la historia, una lista en forma de libro que publicó en 1998 Martin Seymour-Smith (1928-1998), poeta, crítico y biógrafo británico del que lo desconozco todo. La lista -acertada o no, discutible- me pone en mi sitio. De esas cien obras he leído nueve enteras (casi todas de ficción) y tres a medias o a tercios, y creo que no leeré muchas más. No sé tú…

No me extraña que la lista fuera elaborada por un anglosajón. Es conocida la afición de ingleses y americanos por las enumeraciones de las cosas más pintorescas, costumbre que han propagado por todo el mundo. Hay que reconocer el tirón de los inventarios, que tan bien conocen y explotan los medios de comunicación. Siempre me ha parecido que la manía de las listas es una estrategia como otra cualquiera para soportar la idea de que el tiempo se nos escapa entre los dedos y vamos directos al hoyo, una forma de fijar y sostener lo que nadie puede fijar ni sostener, pero también es una manera de aprehender y ordenar la realidad, y así transformarla. ¿Suena profundo, pesimista, metafísico? Claro, estoy a dieta.

De eso trata (de listas, no de mi transformación en Beckham) El vértigo de las listas, de Umberto Eco, que publicará Lumen en noviembre. El ensayo analiza la obsesión histórica del hombre por los catálogos. Medicinales, gastronómicos, artísticos, económicos… Eco piensa que analizando las enumeraciones de cada época puede llegarse al espíritu que la anima. ¿Cuál será el nuestro?

Quizá tenga que ver con el de Rob Fleming, el protagonista de Alta fidelidad, la novela de Nick Hornby (amo a este tío, quisiera escribir como él, tener su talentazo) sobre un tipo que prolonga y prolonga su adolescencia; un desastre entrañable, dueño de una tienda de discos, egoísta y atascado en la autocompasión, un friki verdadero que calibra todo lo que le pasa con la vara de medir del rock, el pop y el soul. Fleming hace listas de canciones temáticas que aluden a cualquier experiencia y… Bueno, será mejor que leas el libro, y veas después la divertida (casi tanto como la novela) película que protagonizó el gran John Cusack. “¿Escuchaba música pop porque estaba deprimido, o estaba deprimido por escuchar música pop?”. Voy a ver si preparo mi segunda lista de libros para las vacaciones…

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Orwelliano

Un escritor alcanza la inmortalidad cuando su apellido se convierte en adjetivo, aunque sea para malvivir en boca de los periodistas deportivos que tildan de kafkianas las asambleas de los clubes de fútbol o de danteeeeeeescaaaaaaaas las más duras etapas de montaña del Tour.

Entre los apellidos adjetivados tan queridos por los locutores pelmazos y con pretensiones destaca orwelliano, en alusión a George Orwell (1903-1950), el escritor y periodista británico conocido sobre todo por dos libros imprescindibles: Rebelión en la granja y 1984, diagnósticos y denuncias implacables en forma de fábula alegórica y novela angustiosa, respectivamente, del gran mal que convirtió el siglo XX en una carnicería espantosa: el totalitarismo.

El término ‘orwelliano’ alude hoy a cualquier asunto relacionado con sociedades y sistemas totalitarios, y no es el único concepto sacado de la obra de Orwell para acabar convertido en tópico. También se usa indiscriminadamente al Gran Hermano que todo lo controla en 1984, aunque a muchos les sonará más por dar nombre al famoso concurso televisivo para borderlines exhibicionistas.

Eric Arthur Blair (verdadero nombre de George Orwell) murió sólo un año después de publicar 1984 y nunca sabremos qué habría opinado del empleo de sus invenciones, pero creo que le habría interesado lo que Amazon acaba de hacer con sus dos obras más famosas, y en especial sus implicaciones.

Como puedes leer en El País, la librería digital ha retirado 1984 y Rebelión en la granja de los Kindle de sus clientes que los habían adquirido en ella. ¿La razón? Amazon no disponía de los derechos para venderlos. ¿El método? Manipular de forma remota la biblioteca digital de estos clientes, que se han encontrado que ya no tenían esos títulos al volver a encender sus lectores Kindle de libros electrónicos y conectarse al servicio para actualizarlos (es un funcionamiento muy similar al del iPod e iTunes). La tienda electrónica aprovechaba la conexión del usuario para cargarse ambos archivos, y sin comunicarlo hasta rematar la faena.

Eso sí, Amazon ha devuelto el dinero, y al parecer su actuación se ajusta a la ley (te recomiendo que leas el apoyo de la noticia de El País, donde se trata de las implicaciones jurídicas del asunto y se dan pistas de las nuevas reglas del juego que vienen con el libro electrónico), pero no deja de ser inquietante que puedan hurgar así como así en tus archivos digitales, es decir, en tu privacidad. ¿Entrará el Gran Hermano en nuestras vidas a través de nuestras tarjetas de crédito? Sería una irónica y orwelliana vuelta de tuerca.

NOTAS

1. El autor inglés da para mucho. Te recomiendo Homenaje a Cataluña, un texto que puedes encontrar en Orwell en España, el libro editado por Tusquets que reúne todo lo que Orwell escribió sobre nuestra guerra civil, en la que luchó y en la que resultó gravemente herido por los comunistas durante los combates entre estos y los anarquistas en Barcelona, en mayo de 1937.

2. Me viene a la cabeza la película sobre 1984 que he visto varias veces a medias en televisión, pero sobre todo una de las canciones de la banda sonora, de Eurythmics, con un videoclip que me fascinaba de pequeño (ahora se me queda en curiosidad ochentera), sobre todo por los ojos de Annie Lennox.

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