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¡A por ellos, oé!
De entre los recuerdos más nítidos y entrañables de mi infancia, éste: mi padre solía irse a la cama antes que mi madre, y desde el salón lo oíamos a veces reírse a carcajadas en su habitación. No cabía duda: se había acostado con un tebeo de Mortadelo y Filemón.
Las mayores colas de la Feria del Libro de Madrid son las de la caseta donde firma sus obras Francisco Ibáñez -Ibáñez, claro-, que a sus 74 años permanece amarrado cual galeote a su banco de dibujante. Allí se deja las pestañas para seguir publicando, y aunque declara que lo hace para comer, prefiero pensar que planea morir (con perdón) con el rotulador puesto. Ibáñez es como el verano en febrero: cuesta creer que llegará, pero lo hace. Está, aunque no se note, y el día que falte será como si nos dijeran que se han acabado los helados de chocolate, así porque sí.
MORTADELO Y FILEMÓN EN SUDÁFRICA
Me gusta medir el tiempo por Mundiales de fútbol. 365 días se me quedan cortos para rastrear cambios y tendencias en la vida, y los periodos de cuatro años ayudan a encajar las piezas del puzle. Además, relaciono el mayor acontecimiento deportivo del planeta con otro suceso agradable. Con cierto adelanto a su celebración llega puntual la historieta de Mortadelo y Filemón dedicada a la fiesta del fútbol, con los dos detectives casi siempre enredados en alguna estrafalaria misión en el entorno del torneo y de la selección española.
No sé cuándo empezó esta suerte de tradición ibañesca -también ligada a las Olimpiadas y que ha pasado al baloncesto e incluso la Fórmula 1 al rebufo de su éxito-, porque la recuerdo desde que tengo uso de razón, pero sí sé que hace unos días me hizo feliz descubrir la nueva aventura mundialista de Ibáñez. Mortadelo y Filemón. Especial Fútbol (13 €, Ediciones B) aprovecha el cercano Mundial de Sudáfrica para lanzarnos a un recorrido delirante por el fútbol y los futbolistas, los aficionados, el reglamento, la primera Copa del Mundo en África, las distintas selecciones y, por supuesto, la Roja. Seguro que los agentes de la T.I.A. se las arreglan para sacar de quicio incluso al impasible Del Bosque. Fue hojearlo, echar unas risas y pasar directo por caja. Grande, Ibáñez.
Sólo me rechina un detalle. ¿Dónde está el nombre de Filemón? En el tebeo aparece constantemente su figura, por supuesto, pero no en el título ni el lomo, donde figura Mortadelo como única estrella. Supongo que será consecuencia de las películas de Javier Fesser, donde el maestro de los disfraces se llevaba todo el protagonismo, pero no me ha gustado. Sólo espero que no afecte a las relaciones de la inseparable pareja.
Por cierto, y no es coña, mientras escribo me estoy tomando mi tercer vaso de gaseosa La Casera -mucho mejor que la farlopa, dónde va a parar-, que acaba de lanzar una campaña publicitaria utilizando las míticas historietas de 13 Rúe del Percebe, otra creación de Ibáñez. Son catorce miniseries, se emitirán en televisión de aquí a septiembre y tienen su gracia. Puedes ver abajo el primer anuncio, dirigido por Javier Fesser. Bienvenido sea todo lo que engorde la cuenta corriente de este genio que ha hecho disfrutar a tantos.
Debate manga
Leo en El Mundo que la editorial japonesa East Press ha publicado -supera los 50.000 ejemplares vendidos desde noviembre- una versión manga de Mi lucha, el famoso libro escrito por Adolf Hitler en el que el tirano nazi mezclaba autobiografía y enloquecidas ideas que acabarían llevando a un desastre apocalíptico. Lógicamente, la polémica está servida.
En Alemania la obra fue prohibida desde el día en que cayó el régimen fascista. No es de extrañar. En mi caso, tengo sensaciones encontradas. Por un lado, no me hace gracia que se difundan esas ideas criminales, y menos en un formato como el cómic, que con todas sus virtudes corre el peligro de aportar cierto brillo estético a los delirios hitlerianos, al menos en la cabeza de los más simples.
Pero también pienso que dar a conocer ese material sólo puede contribuir a su escarnio, porque ninguna persona con una constitución mental medianamente sana puede dar el menor crédito a las chorradas del fracasado pintor metido a político, y sí asombrarse de la influencia que alcanzaron.
¿Y tú qué dices?

