Las palabras del Diablo

Misántropo, misógino, pesimista, macabro, cruelmente cáustico y satírico, cínico, arbitrario. Pero también preciso, afilado, conciso, agudo, estilista, brillante y original. Todos adjetivos atribuibles a Ambrose Bierce (1842 - 1914?), el periodista y escritor estadounidense que huyó de los rigores de un hogar rural y puritano para conocer el horror de la Guerra de Secesión, convertirse después en afamado (y temido) articulista en el oeste de los EE.UU y acabar desapareciendo sin dejar rastro en tierras mexicanas en plena revolución.

Apodado Bitter Bierce (el amargo Bierce) por un crítico, escribió cuentos de terror y sobrenaturales, relatos realistas inspirados por sus vivencias y otros repletos de humor negro y una visión demoledora de la naturaleza humana, además de una extensa obra periodística que fue su principal ocupación, pero suele ser más recordado por un libro original y único que Alianza Editorial acaba de reeditar.

Me refiero a Diccionario del diablo (368 págs., 11 euros), el resultado de un trabajo que abarca 43 años (de 1868 a 1911), cuatro décadas durante las que Bierce fue publicando cientos de columnas y artículos que de vez en cuando incluían definiciones y aforismos propios que no empezó a recopilar y ordenar hasta 1906 en un texto singular.

Este Vocabulario del cínico -se publicó por primera vez bajo ese título, no escogido por el autor- es el decantado de años de observación inmisericorde del hombre y su sociedad, un compendio de fogonazos inteligentísimos y llenos de mala leche que no dejan títere con cabeza, un condensado de inspiraciones que dicen mucho con muy pocas palabras, un diccionario dirigido, según Bierce, a “espíritus iluminados que prefieren el vino seco al dulce, la razón al sentimiento, el ingenio al humor y un lenguaje pulido a la jerga popular”.

Antes de dejar aquí unas cuantas definiciones diabólicas, me gustaría hacer una recomendación: no es un libro para leer de seguido. Puede resultar demasiado pesimista, desencantado e incluso monónoto en su amargura. Es mejor tenerlo siempre a mano y consultarlo de vez en cuando como lo que es, un genial diccionario satírico para bajarnos los humos

Hombre: Especie animal tan sumida en la ensimismada contemplación de lo que piensa que es, que a menudo se olvida de plantearse lo que evidentemente debiera de ser. Su principal ocupación es el exterminio de otros animales y de su propia especie, la cual, a pesar de todo, se sigue reproduciendo con tal rapidez como para poblar y destruir todas las zonas habitables del planeta y Canadá.

Economía: La compra de un barril de whisky que uno no necesita por el precio de una vaca que uno no se puede permitir comprar.

Aborígenes: Personas de poca valía cuya presencia resulta una carga para la tierra de continentes recientemente descubiertos. Aunque también es verdad que pronto dejan de ser una carga para pasar a abonarla.

Diplomacia: El patriótico arte de mentir en favor de nuestro país.

Fanático: Alguien que defiende con rotundidad y de forma obstinada una opinión con la que uno no está de acuerdo.

Longevidad: Prolongación poco habitual del miedo a la muerte.

Cleptómano: Ladrón rico.

Matrimonio: Estado o condición de una comunidad compuesta por un señor, una señora y dos esclavos, que hacen un total de dos personas.

Y así, ad infinitum…

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