Archive for Agosto, 2009

La Metamorfosis

Del libro, no la kafkiana ni las de Ovidio. “El libro nunca morirá”, afirma la súper agente literaria Carmen Balcells (un respeto, por su ‘cuadra’ han pasado Vargas Llosa, García Márquez, Cela, Bryce Echenique, Vázquez Montalbán, Juan Goytisolo…).

Balcells lo sostiene en una entrevista publicada por El País. Pero dice muchas más cosas. Esta mujer, un viejo y venerado dinosaurio del mundo literario, se está oliendo el pastel y ya se ha pasado al mundo del libro electrónico, de la mano de Leer-E. Si los que de verdad saben dan el paso…

Yo esperaré un tiempo. Nunca -NUNCA-, abandonaré el papel, y creo que habrá una sana convivencia (con la mayor parte del pastel en el plato digital) de lo viejo y lo nuevo, pero acabaré poniendo junto a mis estanterías un trasto parecido al nuevo Sony Reader Daily Edition. ¿Y tú?

A la piscina con ellos

Sospecho que Paulo Coelho tiene un morro que se lo pisa, que ha encontrado un momio en la seudoliteratura de los buenos sentimientos y los corazones rotos y lo explota con voracidad de petrolero tejano. Su ego tiene pinta de no caber en un estadio. O a lo mejor es que yo soy un esnob o un cultureta (de mierda). O que envidio su dinero. El caso es que a veces leo sus artículos de autoayuda (o lo que sea eso) en XL Semanal, el suplemento del fin de semana del grupo Vocento, y se me queda la misma impresión que cuando -famélico y ansioso- abro en el trabajo el tupper que me he preparado la noche anterior: menuda ful.

El alquimista, uno de sus libros, está entre ¡los diez más vendidos de la historia!, y ahora publica El vencedor está solo, cuyo primer capítulo puedes bajarte en El Mundo. Yo lo he hecho y he leído atentamente sus once páginas, aunque bien podría haberme quedado en la segunda (y gracias). Es una cosa plana, simplona y aburrida, y ya hay que tener ganas para seguir adelante. A veces basta con muy poco para tomar una decisión.

Es un libro de piscina. Me explico. Francisco Umbral, en una de esas afirmaciones de sobrado de la vida que tanto le gustaban, dijo en una ocasión que la piscina de su dacha (su chalet a las afueras de Madrid) recibía todos los libros malos y que no le interesaban. No resulta difícil imaginarse a Umbral tumbado en la hamaca, con bufanda en agosto y un whiskazo al lado, lanzando displicente al agua los coñazos que le enviaban editoriales varias y aspirantes a la gloria. Pues eso.

Recuerdo uno de mis libros de piscina: Fiesta, de Hemingway. Me lo acabé, pero con dolor… Seguro que tú también tienes un buen número de títulos que habrías tirado por la ventana con gusto…

ACTUALIZACIÓN: Los masocas pueden descargarse aquí el segundo capítulo de El vencedor está solo.

¡Trata de arrancarlo!

Los gitanos no quieren buenos principios, pero Cecil B. DeMille decía que las películas deben empezar con un terremoto y luego ir creciendo en acción. La variedad de gustos también se refleja en la literatura y, así, podemos leer arranques de todos los colores.

FUNDACIONALES: “Canta, oh diosa, la cólera del Pelida Aquiles; cólera funesta que causó infinitos males a los aqueos y precipitó al Hades muchas almas valerosas de héroes, a quienes hizo presa de perros y pasto de aves…” Ilíada, Homero

OBSESIVOS: “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo.Li.Ta.” Lolita, Vladimir Nabokov

MELANCÓLICOS: “Todas las familias dichosas se parecen, y las desgraciadas lo son cada una a su manera.” Anna Karénina, Lev Tolstói

PROFÉTICOS: “Yo, señor, no soy malo, aunque no me faltarían motivos para serlo.” La familia de Pascual Duarte, Camilo José Cela

DESCONCERTANTES: “Al despertar Gregorio Samsa una mañana, tras un sueño intranquilo, encontróse en su cama convertido en un monstruoso insecto.” La metamorfosis, Franz Kafka

INFORMATIVOS: “Pues sepa vuestra merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca.”Lazarillo de Tormes, Anónimo

INTRIGANTES: “El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cerrado por barandas bajísimas.” La Biblioteca de Babel (Ficciones), Jorge Luis Borges

DIRECTOS: “Hay esnobs relativos y esnobs absolutos. Entiendo que son esnobs absolutos aquellas personas que son esnobs en todas partes, en compañía de cualquier persona, desde la mañana hasta la noche, desde el nacimiento hasta la tumba, dotados de esnobismo por la naturaleza. Y son esnobs relativos aquellos que lo son en ciertas relaciones y circunstancias de la vida.” El libro de los esnobs, William Thackeray

LACÓNICOS: “Vine a Comala porque me dijeron que acá vivía mi padre, un tal Pedro Páramo.”Pedro Páramo, Juan Rulfo

… Y POÉTICOS:1. Al principio Dios creó el cielo y la tierra. 2. La tierra era algo informe y vacío, las tinieblas cubrían el abismo, y el soplo de Dios aleteaba sobre las aguas. 3 Entonces Dios dijo: ‘Que exista la luz’. Y la luz existió. 4 Dios vio que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas; 5 y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas. Así hubo una tarde y una mañana: éste fue el primer día.” La Biblia

Y a ti, ¿qué principios se te han quedado grabados en la memoria?

Lo que hay que tener

Los astronautas ya no ponen cachondo a nadie. Pero hace cincuenta años lo hacían. Vaya que si lo hacían. En plena Guerra Fría, con Kennedy a punto de tomar la Casa Blanca y los impenetrables y amenazadores soviéticos lanzando satélites puntiagudos, perritas y tovarichs al espacio, una ola de pánico creada por los políticos yanquis y fielmente transmitida al espinazo de la nación por la levantisca infantería de los medios de comunicación recorrió los EE.UU. de Washington a Los Ángeles. ¡Los rojos en el espacio!

Era la hora para los “… elegidos de la cúspide misma, la élite de los que eran capaces de arrancar lágrimas a los seres humanos, la propia cofradía de los que tienen lo que hay que tener”. Sí, “… los hombres que recibirían todo el homenaje, toda la fama, todos los honores, y a los que se otorgaría la condición de héroes (…) antes del hecho, como al guerrero que protagonizaba antaño el combate singular”, a la manera en que David derrotó a Goliat e hizo huir a los filisteos sin plantar batalla.

Superstición arcaica en los albores de la era espacial, hipnóticamente narrada por la prosa de fuegos artificiales, exagerada, a menudo afectada y siempre viva y con peligrosa voluntad de estilo de Tom Wolfe (1931, Richmond, EE.UU.), teórico del nuevo periodismo, cronista de los lisérgicos sesenta y ahora vetusto dandy, fiel a sí mismo y la provocación, fustigador de lo políticamente correcto y más deslenguado que nunca gracias a uno de los pocos efectos de la vejez que me gustaría llegar a experimentar: la desinhibición.

LOS CAMPEONES DEL PUEBLO

Elegidos para la gloria es la crónica de los primeros años de la carrera espacial norteamericana, de los pioneros que la protagonizaron, inmersos en una batalla más grande que ellos mismos y en la que sólo tenían dos armas: su coraje y pericia. Es la mezcla de reportaje y ficción (sí, el famoso ‘nuevo periodismo’ de los Capote, Mailer, Thompson y el propio Wolfe) sobre la fiebre del espacio, ring estelar de la Guerra Fría, y sobre las ambiciones, miserias y miedos de los pilotos-astronautas; y es también la descarnada visión del matrimonio bastardo de medios y políticos, y del hambre insaciable del público que pide sin cesar más carne para la picadora, héroes que se la jueguen por ellos a la hora del telediario, paladines de la tribu.

Castañuelas y revolución

Mal negocio el de decir la verdad. O el de decirla en el momento equivocado. Ésa es la única explicación que se me ocurre al hecho de que apenas se conozca a Manuel Chaves Nogales (1897 - 1944), el brillantísimo periodista sevillano que se opuso por igual a fascistas y comunistas cuando había que hacerlo, en los años 30 y 40 del siglo pasado, décadas de plomo para quien pretendiera mantenerse libre. Silenciado por unos y otros totalitarios aficionados a la carne picada, sólo ahora levanta cabeza su figura, en gran parte por la labor de recuperación emprendida por Libros del Asteroide.

Chaves Nogales sabía (lo probó en sus carnes) que fascistas y comunistas eran entonces los mismos perros con distintos collares -a pesar del prestigio intelectual que ocultó bajo toneladas de tierra y mentiras los crímenes soviéticos- y tenía el valor casi suicida de decirlo cuando unos y otros parecían cerca de repartirse el mundo y la democracia lucía la salud de Fidel Castro. Por eso quedó sepultado por nuestra guerra civil y el exilio, por eso “perdió la guerra y la literatura, a diferencia de la mayoría de sus colegas, que o bien ganaron la guerra o bien ganaron los manuales de literatura”.

Son palabras de Andrés Trapiello en su excelente prólogo a El maestro Juan Martínez que estaba allí, la novela o crónica o reportaje (no es fácil precisarlo, porque de todo tiene) que Chaves Nogales publicó en 1934 y que ha acrecentado mi admiración por el sevillano, nacida de la lectura de su deliciosa biografía de Juan Belmonte, de la que ya escribí aquí.

ROJOS, BLANCOS Y UN FLAMENCO
¿Te imaginas la revolución soviética contada por un flamenco? “A mí la toma del poder por los bolcheviques, los famosos 10 días que conmovieron al mundo, me cogieron en Moscú vestido de corto, bailando en el tablado de un cabaret y bebiendo champaña a todo pasto”. El que habla es Juan Martínez, el bailaor que se gana la vida junto a Sole, su compañera, por los cabarets de toda Europa y que se ve atrapado por los acontecimientos revolucionarios de 1917.

Sin poder salir de Rusia, pasará seis infernales años con su pareja en San Petersburgo, Moscú y, sobre todo, Kiev, donde sufrirá la guerra civil entre bolcheviques y zaristas, la salvaje y sistemática represión de unos y otros, el hambre aplastante, los fríos lunares, miserias y tristezas sin fin… Cuenta con sencillez las cosas más tremendas, y el periodista lo refleja con un español depurado, preciso, sin afectación, contemporáneo tras tres cuartos de siglo: fabuloso.

Martínez es un pícaro que casi siempre se equivoca y escoge el camino erróneo, un experto en pequeños engaños, un superviviente puro sin ideología y un extraño en Rusia, lo que le aporta una visión más libre, desapasionada y por tanto exacta de los terribles acontecimientos (¿has pensado alguna vez en la desgracia que era nacer en ese país hace cien años?). Baila con Sole en cabarets, recorre pueblos paupérrimos entreteniendo a los campesinos, ¡sirve como guardia rojo!, trabaja de croupier, revende joyas… Sobrevive, y ya se verá mañana.

Chaves Nogales lo conoció en París y tras escuchar sus peripecias las plasmó en esta joya. ¿Hasta qué punto es fiel a la realidad, sin embargo? ¿No habrá también entreverados muchos recuerdos del propio periodista, que viajó por la neonata U.R.S.S, muchas impresiones nostálgicas de los rusos exiliados que conoció en la capital francesa? Poco importa al lector, irremisiblemente enganchado a unas páginas soberbias.

Chaves Nogales es uno de los míos, y no puedo esperar a leer A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España, su libro sobre nuestra guerra (in)civil.

Libros de vacaciones (y 2)

Me parece como si mis vacaciones hubieran terminado hace meses, pero aún queda gente que está a punto de cogerlas o se encuentra en mitad de las suyas. En las mías no toqué un libro, pero son muchos los que aprovechan estos días para leer. Ya os recomendé unas cuantas lecturas veraniegas, y aquí va la segunda tanda, tan arbitraria y ecléctica como la primera. Se aceptan sugerencias. Ah, y no, no sale el Stieg Larsson de los…

El espejo del mar (Joseph Conrad). A este polaco que escribía en inglés se le suele recordar por El corazón de las tinieblas, pero entre las muchas obras maestras que dejó destacan estos recuerdos de su larga vida marinera, traducidos por Javier Marías. ¿El mejor escritor del mar? Probablemente.

Estambul. Ciudad y recuerdos (Orhan Pamuk). El Premio Nobel turco ama su ciudad natal. Se siente en cada página de estas “memorias de la ciudad, la mitad hecha con mis recuerdos y la otra mitad con mis pensamientos”, según sus propias palabras. Una maravilla.

Experiencia (Martin Amis). La peculiar autobiografía de uno de los mejores narradores ingleses, con espacio para los recuerdos y vivencias más íntimos, numerosos retratos de grandes escritores y hasta famosos como Travolta, y el sello de la casa: el humor más punzante. Amis no deja indiferente.

En tiempos de descuento (José Ignacio Bescós). Esta novela me la dejó un compañero de trabajo (el autor es su hermano) y confieso que empecé a leerla por compromiso. La acabé de un tirón y me reí con las aventuras de un periodista sin escrúpulos que transita por el lado oscuro del fútbol profesional.

From Hell (Alan Moore y Eddie Campbell). Una novela gráfica con una sabia mezcla de documentación histórica y especulación inteligente sobre los crímenes de Jack el Destripador y su trasfondo. Y también un repaso a las sombras de la sociedad victoriana. Desasosegante y magistral.

Una historia de amor y oscuridad (Amos Oz). Hay que ser un mojón para no conmoverse con esta autobiografía con forma de novela sobre la infancia, adolescencia y orígenes de Oz, un niño que crece en el conflictivo Jerusalén de los días del nacimiento de Israel. Una exhibición de sabiduría literaria y vital.

Antología (Luis Cernuda). No voy a ir de lector habitual de poesía, porque no lo soy, pero recuerdo muy bien esta selección de poemas del sevillano miembro de la Generación del 27 al que Aleixandre definió como “poeta amargo y desolador”. Y extraordinario.

Confesiones de un inglés comedor de opio (Thomas De Quincey). Un clásico de la literatura inglesa que reflexiona sobre su adicción al opio y las consecuencias de ésta sobre su vida. Era un tipo inteligente, así que nada que ver con las rayas de farlopa en los váteres de los bares.

En los mares del sur (Robert Louis Stevenson). Si te aficionas a la lectura con Stevenson ya no podrás dejarla. El escocés viajó por los mares del Pacífico Sur en busca de alivio a su enfermedad, y ésta es la crónica del periplo de Tusitala (el contador de historias), como lo llamaban los indígenas.

Confesiones de un burgués y ¡Tierra, tierra! (Sándor Márai). Hay que agradecer a Salamandra la recuperación del gran escritor húngaro. En la primera mitad del siglo XX se derrumbó un mundo entero, el de la vieja Europa central, y el muy sutil Márai da testimonio de la catástrofe en sus memorias.

Sólo sé que no he leído nada

Un amigo que pulula por Internet a la caza de libros electrónicos con los que alimentar a su insaciable Sony Reader (ojo, Sony los está rebajando y ¡El Corte Inglés tiene ya su propio lector!) me envía un enlace sobre los 100 libros más influyentes de la historia, una lista en forma de libro que publicó en 1998 Martin Seymour-Smith (1928-1998), poeta, crítico y biógrafo británico del que lo desconozco todo. La lista -acertada o no, discutible- me pone en mi sitio. De esas cien obras he leído nueve enteras (casi todas de ficción) y tres a medias o a tercios, y creo que no leeré muchas más. No sé tú…

No me extraña que la lista fuera elaborada por un anglosajón. Es conocida la afición de ingleses y americanos por las enumeraciones de las cosas más pintorescas, costumbre que han propagado por todo el mundo. Hay que reconocer el tirón de los inventarios, que tan bien conocen y explotan los medios de comunicación. Siempre me ha parecido que la manía de las listas es una estrategia como otra cualquiera para soportar la idea de que el tiempo se nos escapa entre los dedos y vamos directos al hoyo, una forma de fijar y sostener lo que nadie puede fijar ni sostener, pero también es una manera de aprehender y ordenar la realidad, y así transformarla. ¿Suena profundo, pesimista, metafísico? Claro, estoy a dieta.

De eso trata (de listas, no de mi transformación en Beckham) El vértigo de las listas, de Umberto Eco, que publicará Lumen en noviembre. El ensayo analiza la obsesión histórica del hombre por los catálogos. Medicinales, gastronómicos, artísticos, económicos… Eco piensa que analizando las enumeraciones de cada época puede llegarse al espíritu que la anima. ¿Cuál será el nuestro?

Quizá tenga que ver con el de Rob Fleming, el protagonista de Alta fidelidad, la novela de Nick Hornby (amo a este tío, quisiera escribir como él, tener su talentazo) sobre un tipo que prolonga y prolonga su adolescencia; un desastre entrañable, dueño de una tienda de discos, egoísta y atascado en la autocompasión, un friki verdadero que calibra todo lo que le pasa con la vara de medir del rock, el pop y el soul. Fleming hace listas de canciones temáticas que aluden a cualquier experiencia y… Bueno, será mejor que leas el libro, y veas después la divertida (casi tanto como la novela) película que protagonizó el gran John Cusack. “¿Escuchaba música pop porque estaba deprimido, o estaba deprimido por escuchar música pop?”. Voy a ver si preparo mi segunda lista de libros para las vacaciones…

YouTube Preview Image

Rubicón

Durante una temporada estuve tentado de hacer Filología Clásica. Me encantaba el griego y lo estudié dos años: Tercero de BUP y COU, y con muy buenas notas. La cultura grecolatina me atraía aún más que la lengua, pero gracias a los dioses, el latín no era lo mío, como repetidos suspensos fueron confirmando. Tampoco contribuyó a la causa que me iniciara en el “rosa, rosae” un profesor al que vi (literalmente) rascarse los huevos en clase con el pico de su mesa. Así que acabé en Periodismo, en la Complutense. Gran elección: no le pegaba un palo al agua y tenía todo el tiempo del mundo para leer, entre otros, libros ‘de romanos’. Y tebeos, como los geniales de Asterix, que, por cierto, tienen edición en latín.

Mantengo esa inclinación y no hay año en que no caiga algún título de historia o ensayo sobre la época o no me acerque a los clásicos, entre los que me inclino por los griegos, con Homero, el padre de tantas cosas, en cabeza. ¿Aburrido? A los criados a los pechos de Tarantino les diría que nunca me he topado con más sesos desparramados que en La Ilíada; o que Ulises, rico en ardides y amante esposo, se pasó por la piedra a todo bicho viviente en su Odisea de vuelta a Ítaca, incluida la temible hechicera Circe, un pibón que había convertido en cerdos a los compañeros del héroe, pero que le abría su lecho. ¿Penélope? En casa tejiendo y con la túnica quebrada. Ya se ve, sexo y violencia, el mundo no ha cambiado tanto como parece.

“LA SUERTE ESTÁ ECHADA”

Se dice que es la frase que pronunció Cayo Julio César cuando sus legionarios de la Decimotercera cruzaron el Rubicón, el pequeño río que hacía las veces de frontera legal entre la Galia e Italia, la humilde corriente que abría el paso a la península Itálica y, con ella, a Roma. Corría el 10 de enero del año 705 desde la fundación de Roma, el 49 a. C. Ese día empezó la Guerra Civil que marcó el principio del fin de la vieja República, y es el ocaso de ésta lo que narra Tom Holland en Rubicón: auge y caída de la República romana.

Holland es un historiador británico que ha triunfado como novelista y como divulgador en la BBC, y se entiende. La historia, muy compleja y documentada (tanto como pueda serlo un periodo del que conservamos tan pocos testimonios, aunque muy rico en ellos comparado con el resto de la Antigüedad), se lee como una novela, y salta ágilmente de las intrigas políticas de más alto nivel a la vida y personalidad de los grandes hombres (Cicerón, César, Pompeyo, Marco Antonio…), sin olvidar la mentalidad del romano de la época y la vida cotidiana de la ciudad, aunque lo que sabemos de esos años es sobre todo lo que conocemos de la élite oligárquica gobernante.

Es mérito de Holland sintetizar tanta información y condensarla en un relato divertido, inteligente y con espacio para interpretaciones e hipótesis discutibles, pero siempre estimulantes. Y mayor mérito todavía es encontrar el término medio entre los sesudos libros de historia plagados de notas, que, reconozcámoslo, pocos leen, y los de divulgación que se pasan de rosca y caen en la simpleza. Una capacidad para el equilibrio en la narración del pasado muy anglosajona, todo hay que decirlo.

Rubicón es apasionante, y si te interesa la historia de Roma (es la nuestra) harías bien en leerlo.

NOTA AUDIOVISUAL

¿Has visto Roma? Es una serie televisiva de dos temporadas que no pudo continuar por lo caro de su producción. Todo en ella es bueno: los guiones, los personajes (los protagonistas, Tito Pullo y Lucio Voreno, son un dúo con una relación amor-odio al estilo R2-D2 y C3-PO), la ambientación, las interpretaciones… La trama se desarrolla justo en los años finales de la República. Y hay escenas de cama y matanzas, que nadie se ponga nervioso. Recomendable verla en versión original, pese al acertado doblaje.

YouTube Preview Image