Archive for Julio, 2009
La malcasada
Es la tercera vez que lo hago y temo repetirme, pero soy hombre (y animal) de costumbres, así que vuelvo a reproducir unos versos de Luis Alberto de Cuenca. Porque me gusta y me divierte, y porque (casi) nunca nada es para tanto, o al menos eso me gusta pensar.
LA MALCASADA, Luis Alberto de Cuenca
Me dices que Juan Luis no te comprende,
que sólo piensa en sus computadoras
y que no te hace caso por las noches.
Me dices que tus hijos no te sirven,
que sólo dan problemas, que se aburren
de todo y que estás harta de aguantarlos.
Me dices que tus padres están viejos,
que se han vuelto tacaños y egoístas
y ya no eres su reina como antes.
Me dices que has cumplido los cuarenta
y que no es fácil empezar de nuevo,
que los únicos hombres con que tratas
son colegas de Juan en IBM
y no te gustan los ejecutivos.
Y yo, ¿qué es lo que pinto en esta historia?
¿Qué quieres que haga yo? ¿Que mate a alguien?
¿Que dé un golpe de estado libertario?
Te quise como un loco. No lo niego.
Pero eso fue hace mucho, cuando el mundo
era una reluciente madrugada
que no quisiste compartir conmigo.
La nostalgia es un burdo pasatiempo.
Vuelve a ser la que fuiste. Ve a un gimnasio,
píntate más, alisa tus arrugas
y ponte ropa sexy, no seas tonta,
que a lo mejor Juan Luis vuelve a mimarte,
y tus hijos se van a un campamento,
y tus padres se mueren.
Sí, pero…
Cuando estoy en forma -lectora, cuál si no- me gusta ponerme chulo con las novelas y emplazarlas a demostrar lo que pueden hacer. Las menos me rompen la cara a la primera y ya juegan conmigo como quieren hasta el final (¿conoces a Orhan Pamuk? El amigo de un amigo define como ‘destroza oficios’ a los tipos que ejercen una actividad con tal maestría que se cargan el escalafón. Pues bien, el escritor turco es de esos).
La mayoría adopta las maneras de una tranquilizadora rutina autocomplaciente y las olvido pronto: por ejemplo, las últimas de Paul Auster a partir de la insulsa Brooklyn Follies (2005), efectivas, magistralmente contadas, como siempre (Auster posee el raro don de la narración), pero fofas, carentes del nervio de las anteriores, lastradas por la agridulce sensación de lo ya visto, aunque quizá mi decepción provenga de mi vanidoso lado esnob (con negritas y todo), que escapa de la represión a la que lo someto para musitarme que yo ya me había enganchado a Auster cuando no lo conocían ni los lectores del Babelia.
Y hay una tercera categoría, a la que yo llamo la del “sí, pero…” En ella entraría la última novela que he leído, La isla inaudita (1989), de Eduardo Mendoza. Tenía ganas de meterle mano a Mendoza, del que he escuchado grandes elogios y que siempre me ha caído bien en las entrevistas, pero por unas cosas u otras no había encontrado el momento hasta que un inesperado regalo (gracias, Camino) me puso en las manos esta peculiar historia ambientada en Venecia.
Me ha parecido una obra menor. La inverosímil peripecia me ha divertido y el argumento intencionadamente caótico y arbitrario se sostiene en la ironía, gracia y eficacia estilística de Mendoza. En conjunto, resulta una lectura amena, pero mi sensación final ha sido: “Pues vale”. A pesar de lo dicho, encierra páginas excelentes y pasajes muy logrados que me incitan a leer otras novelas de Mendoza, porque me da que me lo puedo pasar muy bien. ¿Cuáles me recomendarías?
Y por cierto, ¿cuáles son tus libros “sí, pero…”?
Eliminando toxinas
Con la tele superpoblada de imbéciles gritando, o dedicas tu ocio audiovisual a ver películas y series decentes (increíble la perra que tiene el personal con Lost) o buceas por Internet en busca de joyas varias. Como este blog va de libros, ¿por qué no entrevistas con maestros de la literatura?
En YouTube tienes las de Joaquín Soler Serrano, un viejo periodista que quizá hoy nos pueda parecer relamido y cursi, pero que sabía leer y escribir y se dedicaba a hablar con gente interesante y con cosas que decir. Un tarado, vamos. Prueba con estos fragmentos de las que hizo a Borges (el puto amo, que diría mi sobrino el rapero, y un escritor ante el que me arrodillaría) y a Cortázar (un verdadero encantador de serpientes), y te lanzarás a ver el resto. Mira que me gusta el fútbol, pero entre esta pareja de argentinos y Maradona… Un festín para la inteligencia.
Orwelliano
Un escritor alcanza la inmortalidad cuando su apellido se convierte en adjetivo, aunque sea para malvivir en boca de los periodistas deportivos que tildan de kafkianas las asambleas de los clubes de fútbol o de danteeeeeeescaaaaaaaas las más duras etapas de montaña del Tour.
Entre los apellidos adjetivados tan queridos por los locutores pelmazos y con pretensiones destaca orwelliano, en alusión a George Orwell (1903-1950), el escritor y periodista británico conocido sobre todo por dos libros imprescindibles: Rebelión en la granja y 1984, diagnósticos y denuncias implacables en forma de fábula alegórica y novela angustiosa, respectivamente, del gran mal que convirtió el siglo XX en una carnicería espantosa: el totalitarismo.
El término ‘orwelliano’ alude hoy a cualquier asunto relacionado con sociedades y sistemas totalitarios, y no es el único concepto sacado de la obra de Orwell para acabar convertido en tópico. También se usa indiscriminadamente al Gran Hermano que todo lo controla en 1984, aunque a muchos les sonará más por dar nombre al famoso concurso televisivo para borderlines exhibicionistas.
Eric Arthur Blair (verdadero nombre de George Orwell) murió sólo un año después de publicar 1984 y nunca sabremos qué habría opinado del empleo de sus invenciones, pero creo que le habría interesado lo que Amazon acaba de hacer con sus dos obras más famosas, y en especial sus implicaciones.
Como puedes leer en El País, la librería digital ha retirado 1984 y Rebelión en la granja de los Kindle de sus clientes que los habían adquirido en ella. ¿La razón? Amazon no disponía de los derechos para venderlos. ¿El método? Manipular de forma remota la biblioteca digital de estos clientes, que se han encontrado que ya no tenían esos títulos al volver a encender sus lectores Kindle de libros electrónicos y conectarse al servicio para actualizarlos (es un funcionamiento muy similar al del iPod e iTunes). La tienda electrónica aprovechaba la conexión del usuario para cargarse ambos archivos, y sin comunicarlo hasta rematar la faena.
Eso sí, Amazon ha devuelto el dinero, y al parecer su actuación se ajusta a la ley (te recomiendo que leas el apoyo de la noticia de El País, donde se trata de las implicaciones jurídicas del asunto y se dan pistas de las nuevas reglas del juego que vienen con el libro electrónico), pero no deja de ser inquietante que puedan hurgar así como así en tus archivos digitales, es decir, en tu privacidad. ¿Entrará el Gran Hermano en nuestras vidas a través de nuestras tarjetas de crédito? Sería una irónica y orwelliana vuelta de tuerca.
NOTAS
1. El autor inglés da para mucho. Te recomiendo Homenaje a Cataluña, un texto que puedes encontrar en Orwell en España, el libro editado por Tusquets que reúne todo lo que Orwell escribió sobre nuestra guerra civil, en la que luchó y en la que resultó gravemente herido por los comunistas durante los combates entre estos y los anarquistas en Barcelona, en mayo de 1937.
2. Me viene a la cabeza la película sobre 1984 que he visto varias veces a medias en televisión, pero sobre todo una de las canciones de la banda sonora, de Eurythmics, con un videoclip que me fascinaba de pequeño (ahora se me queda en curiosidad ochentera), sobre todo por los ojos de Annie Lennox.
Hay motivo
Existen sobradas razones que justifican la lectura de libros de historia, incluso en el achicharrante verano que padecemos. Hagamos inventario:
1. Conocer las acciones y motivaciones individuales y sociales y encontrar pistas que nos permitan comprender por qué estamos donde estamos y por qué pasan muchas cosas.
2. Confirmar que, para muchos, todo vale -incluso la tergiversación más descarada- con tal de encontrar hechos, o interpretaciones de esos hechos, que justifiquen su ideología o sus intereses. Léase: evitar que nos vendan la moto los políticos y sus sucursales periodísticas de turno.
3. Emprender una cura de desasnamiento que nos aleje para siempre de las criaturas de la ESO.
4. No leer novela histórica, el género literario favorito de los españoles según una encuesta del CIS, ese ente tan filosófico que encuentra su razón de ser en preguntar para hallar nuevas preguntas.
5. Acumular conocimientos que arrojar a la cabeza de los demás, aunque alguien que habla de historia frente a una cerveza suele recibir como pago miradas compasivas.
Podría seguir, pero lo que me interesa es contar la principal razón por la que yo leo historia: la cantidad de sorpresas que me llevo, que convierten la experiencia en placentera y van llenando los enormes huecos que deja al descubierto mi enciclopédica ignorancia.
Sorpresas anecdóticas, como saber que los godos introdujeron en la Península Ibérica la alcachofa y las espinacas; con más sustancia, como descubrir que la España musulmana (el Al-Andalus que Bin Laden reclama) no era ni el paraíso de convivencia que nos venden ni el vivero de fanáticos que a muchos les gustaría que hubiera sido; o directamente asombrosas, como la constatación de la capacidad de supervivencia de Franco, que estrechó cordialmente la mano de Hitler en Hendaya para -dicienueve años después y gracias al juego de alianzas de la Guerra Fría- encontrarse en Madrid tan feliz con el presidente Eisenhower, uno de los artífices de la derrota nazi.
Toda esta reflexión viene a cuento porque estoy leyendo frente al ventilador Historia de España contada para escépticos, de Juan Eslava Galán, ensayista, historiador y escritor de bastante éxito que frecuenta el género de la divulgación histórica con amenidad, rigor y muy pocas ganas de arrimar el ascua a su sardina, y perdón por el topicazo.
No es uno de sus títulos más recientes. Eslava Galán ha publicado este mismo año El catolicismo explicado a las ovejas, un ensayo en tono irónico (una de la características de su estilo) sobre el cristianismo y el catolicismo; y entre los últimos de una larga lista destacan Califas, guerreros, esclavas y eunucos. Los moros en España, o el muy recomendable Una historia de la Guerra Civil que no va a gustar a nadie.
Son libros para iniciarse, y si te pica la curiosidad podrás pasar a obras que profundicen, pero léelos con atención y sabrás mucha más historia que la media. Y eso te mola…




